Azura
El primer parpadeo de Lyam fue como un latido que estremeció la tierra.
—Azura... —susurró con los labios resecos, y cuando su mirada, débil pero viva, se cruzó con la mía, algo en mi interior rugió con tal fuerza que supe que ya no había vuelta atrás. Las cadenas que lo aprisionaban comenzaron a chispear. Las runas en su piel ardieron como fuego líquido y un resplandor dorado emergió de su pecho, justo donde su corazón latía. No necesitábamos palabras. No necesitábamos tiempo. Nuestra con