Lyam
El aire de la precumbre era un cuchillo de hielo que nos cortaba la cara, pero ninguno de nosotros sentía el frío. La adrenalina es un aislante natural, una capa de fuego que te envuelve cuando sabes que estás a punto de entrar en la boca del lobo. A mi izquierda, Saúl mantenía un trote constante, sus ojos de lobo captando cada movimiento de las hojas; a mi derecha, Theo, el estratega silencioso, el hombre que podía leer el peligro en el cambio de dirección del viento.
Éramos tres sombras,