Sin embargo, la enfermera a la que le había dado indicaciones exactas sobre aquella chica extraña, se acercó a nosotros con nerviosismo.
—Señor Flynn—titubeó.
—¿Qué pasó? —me levanté de la silla rápidamente bajo el escrutinio de Alessandro.
—La señorita despertó y quiere marcharse, así que vine corriendo a avisarle para que hable con ella antes de que se vaya.
No lo escuché dos veces y salí detrás de la enfermera con Alessandro pisándome los talones.
En definitiva, no era para tanto, pero sentí