La puerta se abrió y entró Noah Birdwhistle con irritación.
—Han estado hablando demasiado y me estoy poniendo nervioso—espetó, rascándose una ceja—no escuché nada, pueden estar tranquilos, pero odio que estén cuchicheando a mis espaldas.
—¿Qué otra cosa podemos hacer aquí? ¿Acaso hablar también es un crimen para ti? —carraspeé.
—Me ponen de nervios y eso no me gusta. Si ya te sientes mejor, regresarás en donde estabas.
—El hecho de que esté tranquilamente hablando, no quiere decir que ya está