Estaba tan cómoda que cuando Alessandro me despertó para avisarme de que ya habíamos llegado, gruñí y continué durmiendo por más tiempo.
—Adele, preciosa, ya casi amanece, ¿No quieres verlo desde el jet?
No quería despertar, pero la emoción por ver el amanecer desde una perspectiva más interesante hizo que espabilara rápidamente.
Me ofreció un poco de café y nos inmiscuimos en la cabina nuevamente. El piloto y la aeromoza yacían dormidos en un compartimiento especial para ellos.
La temperatura