Cerré la laptop, fatigada mentalmente. Ordené dentro de dos carpetas cada una de las cartas de renuncia y alisté mi ropa para el día siguiente. Me entristecía abandonar mis dos empleos, pero acababa de aceptar una oferta perfecta para darle una mejor vida a Levi; y no iba a desperdiciarla.
A las siete y media de la mañana del otro día, yacía abordando el taxi de siempre para ir al despacho.
Le había dejado como era de costumbre, el desayuno a mi hermano, y podía irme tranquilamente a renuncia