Suspiré. Si eso quería, entonces, adelante. Le volteé la cara y afiancé mi mano a la del sujeto con la finalidad de que me fuera más fácil ascender y entré al jet, que estaba totalmente iluminado y no me sorprendió ver tanta elegancia y finura, ya que me estaba acostumbrando nuevamente a ello. Era muy espacioso.
El hombre se cercioró de verme tomar asiento antes de volver a bajar, dejándome sola en ese majestuoso vehículo aéreo.
El asiento era de piel y muy suave. Probé a reclinarlo un poco y a