Al cabo de quince minutos, Katrina me dio el visto bueno y se despidió amistosamente de mí, deseándome mucho éxito. No quería que se marchara, pero no podía obligarla a quedarse, ella tenía que irse. Así que me quedé otra vez sola en aquel departamento, en espera de Barnaby Flynn, quién se estaba alistando.
Ni siquiera mi curiosidad pudo con mi nerviosismo. Me senté en uno de los sillones a esperarlo con los ojos cerrados. Tenía el estómago revuelto. Náuseas y más náuseas. Levi. Mi Levi. ¿Qué