El día siguiente comenzó con la misma rutina que Clara había aprendido a disfrutar. Las cortinas dejaban pasar la luz tenue del amanecer, y el aroma del café recién hecho llenaba la cocina. Mientras sostenía su taza entre las manos, sintió que, poco a poco, todo en su vida comenzaba a encontrar un equilibrio. Las semanas anteriores habían sido un torbellino de emociones, bloqueos, inspiración y redescubrimientos, pero ahora, en medio de la aparente normalidad, había algo nuevo: serenidad.
Había