Capítilo 6

Jordan miró a Camille con una frialdad absoluta.

—Esta conversación ha terminado.

Camille no retrocedió ni un solo paso. Al contrario, se acercó al escritorio con una ligera sonrisa en los labios.

—¿Ya me estás echando?

Jordan no respondió.

Ella inclinó ligeramente la cabeza, provocándolo.

—¿O tienes miedo de que le recuerde a todo el mundo lo que fuimos en el pasado?

La mandíbula de Jordan se tensó.

—Olivia.

La puerta se abrió casi de inmediato.

—¿Sí, señor Wilson?

—Acompañe a la señorita Laurent a la salida.

Camille soltó una pequeña risa.

—No hace falta. Conozco perfectamente el camino.

Al llegar a la puerta, se detuvo un instante. Sin girarse por completo, dijo con tranquilidad:

—Hasta pronto, Jordan.

Y desapareció por el pasillo.

El silencio volvió a adueñarse del despacho.

Samuel Kipper suspiró discretamente.

—De verdad no ha cambiado nada...

Jordan no respondió.

Abrió el expediente que tenía sobre el escritorio, decidido a concentrarse en el trabajo. Sin embargo, las cifras pasaban ante sus ojos sin que realmente las viera.

Había una imagen que no dejaba de volver a su mente.

Angelina.

Su sonrisa forzada.

Las tres velas que había apagado sola.

Recordó la decepción en su mirada cuando él olvidó su aniversario de bodas.

Durante un instante, sintió un peso en el pecho.

Cerró los ojos brevemente y apartó ese pensamiento.

El trabajo era lo primero.

Como siempre.

---

Mientras tanto, en la villa Wilson, el silencio era casi asfixiante.

Después de ordenar la cocina, Angelina subió lentamente a su habitación.

Abrió el vestidor.

En el estante más alto había varias cajas cubiertas de polvo.

Bajó una con cuidado.

En su interior había decenas de bocetos, muestras de telas y diseños de vestidos que había creado años atrás.

Antes de convertirse en la esposa secreta de Jordan Wilson, soñaba con fundar su propia casa de moda.

Sus dedos acariciaron uno de aquellos dibujos.

Una sonrisa triste iluminó su rostro.

—Renuncié a todos mis sueños... para ayudar a construir los tuyos...

Su voz se quebró.

En ese momento, su teléfono vibró.

En la pantalla apareció el nombre de Emma Walker.

Angelina respiró hondo antes de contestar.

—Hola, Emma.

—¡Por fin! —exclamó su amiga—. Hace días que no respondes a mis mensajes. Empezaba a preocuparme. ¿Cómo estás?

Angelina dudó unos segundos.

—Estoy bien.

Se hizo un breve silencio.

Emma la conocía demasiado bien como para creer esa mentira.

—Has vuelto a llorar por Jordan... ¿verdad?

Los labios de Angelina temblaron.

No respondió.

Aquel silencio lo decía todo.

Emma suavizó inmediatamente el tono de su voz.

—Angelina... no puedes seguir viviendo solo para él.

La mirada de Angelina se posó sobre sus antiguos bocetos.

—Antes de casarte, estabas llena de sueños. Eras apasionada. Tenías un talento increíble.

Una lágrima resbaló por la mejilla de Angelina.

—Lo sé...

—Entonces vuelve a empezar. Piensa un poco en ti. Tú también mereces ser feliz.

Después de colgar, Angelina permaneció inmóvil durante largo rato.

Las palabras de su amiga seguían resonando en su mente.

Por primera vez en muchos años, se preguntó si realmente había hecho bien en renunciar a toda su vida por un hombre que ya ni siquiera parecía verla.

---

Al mismo tiempo, en una cafetería situada a pocas calles de la sede del Wilson Group, Camille se reunió con Sonia Becker.

Apenas se sentó, dejó su teléfono sobre la mesa.

Sonia comenzó a revisar las fotografías tomadas la noche anterior.

En todas ellas parecía que Jordan y Camille estaban disfrutando de una cita romántica.

Levantó la vista y sonrió satisfecha.

—Son perfectas.

Camille cruzó los brazos.

—Esto no es más que el principio.

—¿Cuál será el siguiente paso?

Sin responder de inmediato, Camille sacó un sobre de su bolso.

Lo dejó sobre la mesa.

—Estas fotos serán enviadas de forma anónima a Angelina.

Sonia soltó una carcajada.

—Con esto, su matrimonio no durará mucho.

Camille dio un sorbo a su café.

Su sonrisa era tranquila... casi cruel.

—En menos de un mes, Jordan Wilson pedirá el divorcio con sus propias manos.

Clavó la mirada en una de las fotos donde aparecía junto a Jordan.

—Y esta vez, nadie impedirá que recupere el lugar que siempre debió ser mío.

En ese momento, Angelina aún no sabía que un simple sobre, depositado en su buzón, estaba a punto de destruir su mundo y hacer tambalear las últimas esperanzas que todavía conservaba sobre su matrimonio.

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