Capítilo 5

Los primeros rayos del sol atravesaban suavemente las cortinas de la habitación.

Jordan Wilson ya estaba despierto.

Como cada mañana, siguió la misma rutina. Se puso su traje oscuro, se ajustó cuidadosamente la corbata frente al espejo y luego miró su reloj.

Le esperaba una importante reunión del consejo de administración.

Tomó las llaves del coche y se dirigió hacia la puerta, intentando salir de la habitación sin hacer el menor ruido.

—Jordan...

La voz aún adormilada de Angelina lo hizo detenerse.

Él se volvió.

Ella acababa de abrir los ojos. Tenía el cabello desordenado y el rostro todavía reflejaba el cansancio de una noche demasiado corta.

—¿Ya te vas? —preguntó con dulzura.

—Sí.

Angelina se incorporó lentamente.

Dudó unos segundos antes de volver a hablar.

—Al menos podrías desayunar antes de irte. Lo preparé especialmente para ti.

Jordan guardó silencio por un instante.

Miró su reloj.

—No tengo tiempo.

Aquellas cuatro palabras bastaron para apagar la ilusión en los ojos de Angelina.

Él abrió la puerta.

—Que tengas un buen día.

Y se marchó.

La puerta se cerró suavemente tras él.

Angelina bajó la cabeza.

Sus manos apretaron las sábanas con fuerza.

La noche anterior, a pesar del dolor que sentía, había pasado varias horas preparando su desayuno favorito. Solo esperaba compartir unos minutos con su esposo antes de que se fuera a trabajar.

Una vez más...

Él se había marchado sin siquiera mirar lo que ella había preparado.

Cerró los ojos durante unos segundos para contener las lágrimas.

Luego respiró profundamente.

—No pasa nada... —murmuró para convencerse a sí misma—. Quizá mañana sea diferente...

---

Unos minutos después, un elegante automóvil negro se detuvo frente a la sede del Wilson Group.

Apenas Jordan cruzó las puertas del vestíbulo, todos los empleados interrumpieron lo que estaban haciendo.

—Buenos días, señor Wilson.

—Buenos días, señor presidente.

Jordan respondió con un leve movimiento de cabeza y se dirigió directamente a los ascensores privados que llevaban al último piso.

Su expresión era tan seria e impasible como siempre.

Poco después, entró en su amplio despacho.

Apenas había dejado su maletín cuando su secretaria, Olivia Lockman, llamó a la puerta.

—Buenos días, señor Wilson.

—Buenos días, Olivia.

Ella consultó su tableta.

—Su reunión con el consejo de administración comienza dentro de treinta minutos.

Jordan asintió.

—Muy bien.

Olivia dudó unos segundos antes de continuar.

—Sin embargo, hay otro asunto.

Jordan levantó la vista.

—Camille Laurent está en el vestíbulo. Dice que tiene una cita con usted.

La expresión de Jordan se endureció de inmediato.

—No he concertado ninguna cita con ella.

—¿Desea que el personal de seguridad la acompañe a la salida?

Jordan reflexionó durante unos segundos.

Finalmente respondió con calma.

—No. Hazla subir.

Hizo una breve pausa.

—Pero solo cinco minutos.

—Muy bien, señor.

Unos minutos más tarde, Camille entró en el despacho con la elegancia de siempre.

Su sonrisa parecía completamente natural.

—Buenos días, Jordan.

Él permaneció de pie detrás de su escritorio.

—¿Qué quieres?

Sin perder la compostura, Camille dejó una elegante caja sobre el escritorio.

—Te traje tu café favorito. Siempre olvidabas tomarlo cuando estabas bajo mucha presión.

Jordan observó la caja durante unos segundos sin tocarla.

—Gracias.

Su voz seguía siendo fría.

—Pero no será necesario.

La sonrisa de Camille se congeló por un instante, aunque enseguida recuperó la compostura.

En ese momento, la puerta del despacho volvió a abrirse.

Samuel Kipper, el director financiero, entró con varios expedientes bajo el brazo.

Al ver a Camille, le dedicó una sonrisa cordial.

—Vaya... No sabía que había regresado, señorita Laurent.

Camille respondió con elegancia.

—He vuelto. Y esta vez pienso quedarme.

Sus ojos se desviaron discretamente hacia Jordan.

Luego añadió, con un tono lleno de dobles intenciones:

—Y no volveré a permitir que nadie me quite lo que me pertenece.

Jordan comprendió al instante el verdadero significado de aquellas palabras.

Su mirada se volvió helada.

Pero prefirió guardar silencio.

Lo que todavía ignoraba era que, mientras él protegía su empresa de sus competidores, Camille ya había comenzado a preparar una trampa mucho más peligrosa.

Y la primera persona en sufrir las consecuencias sería Angelina.

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