Mundo ficciónIniciar sesiónJordan no había apartado la mirada de la terraza.
A través de los grandes ventanales, observaba a Angelina hablando con Nathan Harem.
Desde lejos, parecían estar teniendo una conversación tranquila. Nada más.
Sin embargo, había algo que lo incomodaba.
Angelina estaba sonriendo.
Una sonrisa verdadera.
No la sonrisa cortés que mostraba delante de los invitados ni aquella que había usado durante años para ocultar sus heridas.
Era una sonrisa que él casi no había visto en mucho tiempo.
Esa simple imagen provocó una extraña sensación en su pecho.
No entendía por qué le molestaba tanto.
Después de todo, él había pasado meses ignorándola.
Había creído que ella siempre estaría allí, sin importar la forma en que la tratara.
Entonces, ¿por qué verla sonreír junto a otro hombre le daba la desagradable sensación de estar perdiendo algo?
Sin pensarlo, Jordan terminó su copa de un solo trago.
— Disculpen.
Se levantó bruscamente, dejando sorprendidos a sus interlocutores.
Después se alejó de la mesa.
Detrás de él, Camille siguió sus pasos con la mirada.
Una pequeña sonrisa de satisfacción apareció en su rostro.
— Exactamente como lo había planeado...
---
En la terraza, Nathan se quitó suavemente la chaqueta.
Se la tendió a Angelina.
— Tome.
Ella miró la chaqueta con sorpresa.
— Pero usted tendrá frío.
Nathan se encogió ligeramente de hombros con una sonrisa.
— Prefiero pasar un poco de frío antes que ver a alguien temblando delante de mí.
Angelina dudó unos segundos.
Ya no estaba acostumbrada a que alguien se preocupara por ella simplemente por amabilidad.
Finalmente, aceptó.
— Gracias.
Colocó la chaqueta sobre sus hombros con cuidado.
Durante unos segundos, ambos permanecieron en silencio, observando las luces de Londres.
Nathan se apoyó en la barandilla.
— Me fijé en usted desde que llegó.
Angelina bajó ligeramente la mirada.
— Espero no haber llamado demasiado la atención.
— No me refería a eso.
Él la miró con sinceridad.
— Tiene mucha elegancia. Pero...
Hizo una pequeña pausa.
— También parece una persona que lleva demasiadas cosas sola.
Aquellas palabras tocaron a Angelina.
No supo qué responder.
Desde el comienzo de la noche, todos habían notado su vestido, su apariencia y su relación con Jordan.
Pero nadie había visto realmente lo que sentía.
Hasta ese momento.
Iba a responder cuando una voz fría sonó detrás de ella.
— Angelina.
Su cuerpo se quedó inmóvil.
Se giró lentamente.
Jordan estaba a unos metros de ellos.
Su expresión era seria.
Pero su mirada estaba fija en una sola cosa.
La chaqueta de Nathan sobre los hombros de su esposa.
Nathan, sin conocer la historia entre ellos, se acercó educadamente.
— Buenas noches. Nathan Harem.
Extendió la mano.
Jordan bajó brevemente la mirada hacia ella.
Pero no hizo ningún movimiento.
— Jordan Wilson.
Su voz era fría.
El silencio entre los dos hombres se volvió incómodo de inmediato.
Nathan comprendió rápidamente que estaba en medio de una situación complicada.
Retiró lentamente la mano.
— Los dejaré solos.
Antes de irse, miró a Angelina.
— Espero sinceramente que su noche termine mejor de lo que empezó.
Ella le dedicó una pequeña sonrisa agradecida.
Después, Nathan desapareció dentro del salón.
Tan pronto como quedaron solos, Jordan miró fijamente a Angelina.
— ¿Desde cuándo aceptas las atenciones de un desconocido?
Angelina se quedó unos segundos sin entender.
— Él solo fue amable conmigo.
— Eres mi esposa.
Una risa amarga escapó de sus labios.
— ¿Mi esposa?
Negó lentamente con la cabeza.
— Es curioso escucharte decir eso ahora.
La expresión de Jordan se endureció.
— ¿Qué quieres decir?
Los ojos de Angelina comenzaron a llenarse de lágrimas.
Había contenido sus emociones durante toda la noche.
Pero esta vez ya no podía guardar silencio.
— Desde que empezó esta noche, ¿cuántas veces tuviste la oportunidad de decir que era tu esposa?
Jordan permaneció en silencio.
Ella continuó.
— Cuando Camille pensó que yo era una empleada...
Ninguna respuesta.
— Cuando ese hombre dijo que estabas soltero...
Otra vez, nada.
— Cuando mi nombre ni siquiera aparecía en la lista de invitados...
El silencio de Jordan fue la única respuesta.
Angelina sintió un nudo en la garganta.
— No dijiste nada, Jordan.
Su voz tembló.
— Ni una sola vez.
Apartó la mirada para evitar que las lágrimas cayeran.
— Me dejaste sola delante de todos.
Aquellas palabras golpearon a Jordan más de lo que quería admitir.
Porque en el fondo sabía que ella tenía razón.
Siempre había encontrado una excusa.
Siempre había pospuesto el momento de reconocerla públicamente.
Pero antes de que pudiera responder, una voz interrumpió la conversación.
— ¿Jordan?
Camille acababa de llegar.
Tenía una sonrisa tranquila en el rostro.
— Todos te están esperando para tu discurso de apertura.
Luego su mirada bajó hacia Angelina.
Notó inmediatamente la tensión entre ellos.
— Oh... ¿Los interrumpí?
Angelina se limpió rápidamente la lágrima que amenazaba con caer.
— No.
Se quitó lentamente la chaqueta de Nathan de los hombros.
Después se la entregó a Jordan.
— Puedes devolvérsela.
No le dio tiempo a responder.
Sin decir una sola palabra más, pasó junto a Camille y regresó al salón.
Jordan permaneció inmóvil.
Sus ojos siguieron a Angelina hasta que desapareció entre los invitados.
Por primera vez desde que se habían casado...
Sintió algo que no podía controlar.
Miedo.
Miedo de verla marcharse.
Miedo de descubrir que, algún día, Angelina ya no estaría esperándolo.







