Mundo ficciónIniciar sesiónLa cena comenzó en un ambiente elegante y sofisticado.
El gran salón brillaba bajo la luz de las enormes lámparas de cristal. Los camareros caminaban con gracia entre las mesas, sirviendo los platos mientras una orquesta tocaba una melodía suave de fondo.
Pero Angelina no lograba disfrutar de aquella velada.
Su plato seguía casi intacto frente a ella.
No tenía apetito.
La humillación que acababa de sufrir seguía presente en su mente. Cada mirada, cada susurro y cada palabra de Camille regresaban una y otra vez para hacerle daño.
A su lado, Jordan parecía estar viviendo una noche completamente diferente.
Conversaba con varios empresarios importantes, hablando de contratos, inversiones y futuros proyectos con la seguridad y la calma que siempre lo habían caracterizado.
Como si nada hubiera ocurrido.
Como si ella no hubiera sido dejada sola en medio de aquella sala unos minutos antes.
— Señor Wilson —intervino de repente un hombre de unos cincuenta años sentado cerca de ellos—, he escuchado que todavía sigue soltero.
El hombre sonrió antes de continuar:
— Mi hija termina pronto sus estudios en Oxford. Me encantaría tener la oportunidad de presentársela.
Angelina sintió cómo su cuerpo se tensaba.
Giró ligeramente la mirada hacia Jordan.
Esperaba su reacción.
Esperaba que simplemente dijera la verdad.
Que recordara a todos que estaba casado.
Pero antes de que él pudiera responder, Camille tomó la palabra.
Su sonrisa era dulce, casi inocente.
— Debería intentarlo. Jordan es realmente un hombre excepcional.
Algunas personas alrededor de la mesa soltaron pequeñas risas.
El corazón de Angelina se contrajo.
Miró a su esposo.
Ese era el momento.
Solo necesitaba una frase.
«Estoy casado».
Tres palabras.
Eso habría sido suficiente.
Sin embargo, Jordan permaneció en silencio durante unos segundos antes de responder con una simple sonrisa profesional.
— Hablaremos de eso en otra ocasión.
Angelina se quedó inmóvil.
Aquella respuesta dolió más que un rechazo directo.
Porque una vez más confirmaba delante de todos que él estaba disponible.
Que ella no existía.
Bajó lentamente la mirada hacia su plato.
Sus dedos tocaron los cubiertos antes de dejarlos nuevamente sobre la mesa.
Ya no tenía fuerzas para quedarse allí.
— Disculpen.
Su voz era tranquila, aunque ligeramente temblorosa.
Sin esperar que alguien intentara detenerla, se levantó y abandonó la mesa.
---
Unos minutos después, Angelina estaba sola en la terraza del hotel.
La ciudad de Londres se extendía frente a ella, iluminada por miles de ventanas.
El frío viento de la noche acarició su rostro, pero ella permaneció inmóvil.
Respiró profundamente.
No quería llorar.
No allí.
No delante de ellos.
Pero sus lágrimas fueron más fuertes que ella.
— ¿Por qué...?
La palabra salió en un susurro.
¿Por qué siempre tenía que esconderse?
¿Por qué después de tres años su matrimonio seguía siendo un secreto?
¿Por qué Jordan siempre encontraba una razón para no reconocerla delante de los demás?
Finalmente, una lágrima recorrió su mejilla.
Ella la limpió rápidamente con la punta de sus dedos.
— ¿Angelina?
Se sobresaltó un poco.
Luego se giró.
Un joven vestido con un elegante esmoquin azul oscuro estaba detrás de ella.
Su rostro transmitía amabilidad y su mirada era cálida.
— Perdón por molestarla. Me llamo Nathan Harem.
Angelina le dedicó una pequeña sonrisa por educación.
— Buenas noches.
Nathan la observó durante unos segundos.
Notó inmediatamente sus ojos ligeramente enrojecidos.
— Usted ha llorado.
Angelina apartó la mirada.
— No... No es nada.
Él no insistió ni intentó obligarla a hablar.
Simplemente sonrió con suavidad.
— Sabe... a veces las sonrisas más sinceras esconden heridas que nadie nota.
Aquellas simples palabras tocaron a Angelina más profundamente de lo que esperaba.
Desde el comienzo de la noche, todos habían mirado su apariencia.
Su vestido.
Su silencio.
Su lugar al lado de Jordan.
Pero nadie había visto realmente su dolor.
Hasta ahora.
---
Dentro del salón, Jordan levantó la mirada instintivamente hacia la terraza.
Sus ojos se detuvieron en Angelina.
Ella estaba hablando con un hombre al que no conocía.
Nathan estaba cerca de ella.
Demasiado cerca, al menos para su gusto.
Sin entender por qué, una extraña sensación recorrió su pecho.
Apretó ligeramente la copa que sostenía entre los dedos.
Su rostro permaneció inexpresivo, pero sus ojos no abandonaron la terraza.
Camille notó inmediatamente su cambio de actitud.
Siguió la dirección de su mirada y vio a Nathan junto a Angelina.
Una pequeña sonrisa apareció en sus labios.
No era una sonrisa de sorpresa.
Era una sonrisa llena de cálculo.
— Interesante...
Quizás acababa de encontrar una nueva forma de crear distancia entre Jordan y Angelina.







