El coche se detuvo en la entrada de Derek.
El motor se apagó. El silencio llegó de golpe.
Por un momento, ninguno de los tres se movió.
La casa se veía diferente de noche—más pequeña que la mansión, de alguna manera más cálida. Luces suaves brillaban a través de las ventanas. Un lugar donde la gente dormía, discutía y olvidaba enjuagar sus tazas. Un lugar normal. Mia se aferró a ese pensamiento como a una barandilla frágil.
Derek se aclaró la garganta. "Pueden usar la habitación de invitados. L