Dos días después, Chris llegó a Morris Group justo cuando la luz de la mañana caía pálida a través de la fachada de vidrio. El edificio vibraba suavemente con la actividad temprana—teléfonos sonando, impresoras zumbando—pero nada se comparaba con la tensión silenciosa que él llevaba consigo.
Mia levantó la vista desde la mesa, con papeles e informes extendidos frente a ella. No lo esperaba tan pronto.
"Iris", dijo él, con voz calmada, casi casual, aunque la firmeza debajo hizo que su estómago s