Chris no tocó la puerta la primera vez.
Simplemente se quedó afuera del apartamento de Mia con la mano levantada, escuchando.
Adentro podía oír a los gemelos riendo. Uno de ellos soltó un chillido —ese sonido agudo y sin aliento de un niño pequeño que siempre parecía un pequeño milagro. Algo ligero. Algo intacto. Algo que no había sido alcanzado por votaciones de la junta ni suspensiones de acceso.
Entonces tocó la puerta. Se abrió casi de inmediato. Elizabeth estaba ahí, con harina en las mano