Mia entró en la casa y se detuvo, dejando que la puerta se cerrara suavemente detrás de ella. El pasillo olía débilmente a madera pulida y a un toque de vainilla del difusor que su abuela siempre mantenía en la sala de estar.
Había esperado calidez, conversaciones ligeras, quizá a sus abuelos consintiéndola como siempre hacían—pero había algo quieto en el aire, silencioso y atento, como si la casa misma supiera que ella estaba inquieta.
"Cariño", dijo el abuelo Morris, saliendo del estudio. Sus