Desde que Damián desapareció de mi vida, todo había ido a la perfección.
No solo había recuperado mis antiguos poderes y me había liberado de esa relación tóxica, sino que además mi carrera florecía más allá de mis sueños más ambiciosos.
Incontables lobos se me acercaban, tanteando el terreno, con la esperanza de convertirse en mi compañero.
Yo mantenía una política clara: no alentaba ni rechazaba de forma tajante. Como líder de toda nuestra raza, era natural tener admiradores.
¿Pero un compañe