Damian seguía de rodillas, abrazando fuerte a Leon tras haber logrado derribar la puerta de acero. Tenía el hombro gravemente herido, respiraba con dificultad, pero sus ojos estaban llenos de alivio por haber encontrado a su hijo.
—¡Papá! —susurró Leon.
Damian le acarició el cabello. —Tranquilo, hijo. Ahora estás a salvo.
Pero entre el polvo y la sombra oscura al fondo de la sala, volvió a oírse un gruñido bajo. Damian no alcanzó a reaccionar cuando Sebastian, de pronto, se levantó a pesar de t