—Pues sí. Ahora soy una dominadora —dice ella, señalando al chico que la acompaña, que está arrodillado a sus pies con un collar. —Este es mi perro. Me enteré de que te casaste. ¿Y qué, tu mujer sabe que estás aquí? ¡Jajajá! —provoca ella, con una mirada maliciosa.
—Tanto sabe que incluso está aquí sirviéndome —respondo, con una sonrisa orgullosa. —Esta es Alice, mi mujer... y mi sumisa.
—¡Vaya, qué guapa es! —exclama Patricia, con los ojos brillando. —¿No la compartes, no?
—No, nunca. Esta es