Preparo el ambiente sonoro, ajusto el aire acondicionado y organizo las cuerdas. Ella pide ir al baño, y se lo permito. Mientras espero, abro una cerveza y me siento en el sillón, anticipando lo que está por venir. Ella vuelve, y hago una señal para que se arrodille frente a mí.
—Presta atención —digo, con la voz firme. —Va a ser todo a mi manera. Y si la perra se equivoca, va a recibir una bofetada en la cara.
Le ordeno que se desvista, dejando solo la ropa interior. Ella obedece, e incluso de