Llego al 502. La puerta está cerrada, pero una luz débil se escapa por debajo. Leandro está despierto.
Golpeo la puerta con fuerza, el sonido resonando en el pasillo vacío. No hay respuesta. Golpeo de nuevo, más fuerte.
—¡Leandro! ¡Abra la puerta! ¡Es el BOPE! —grito.
Silencio. Después, el sonido de pasos acercándose. La puerta se abre una rendija, revelando el rostro pálido y asustado de Leandro. Sus ojos se abren de par en par al reconocerme.
—Ca-Capitán... ¿qué... qué está haciendo aquí? —pr