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Termino el cigarrillo, aplastándolo en el cenicero con más fuerza de la necesaria. Necesito acción. Necesito sangre. Necesito que Leandro pague por su audacia.
Cojo el celular, marcando el número de Rodrigo con dedos que apenas pueden contener la furia. Responde al segundo tono.
—¿Davi? —pregunta él, con la voz preocupada.
—¿Dónde está Leandro? —pregunto, con la voz fría.
—Davi, cálmate. No vas a hacer nada ahora, ¿verdad? —intenta argumentar.
—¿DÓNDE ESTÁ, RODRIGO? —grito, perdiendo la pac