2

Ya no teníamos nuestra privacidad como pareja, nuestros momentos de intimidad, nuestros secretos. Toda pareja tiene sus momentos de lujuria, caricias, complicidad. Y Davi siempre fue muy activo, siempre me deseó, siempre me quiso. Podía ser en la sala, en el dormitorio, en la cocina, no importaba la hora ni el lugar. Pero, con la presencia constante de Otávio en nuestra casa, esos momentos se volvieron raros, casi inexistentes. Otávio vivía interrumpiéndonos, rompiendo el ambiente, avergonzándonos. Y eso enfurecía aún más a Davi, lo frustraba.

Entonces, Otávio comenzó a proferir palabras venenosas a Davi, a minar su confianza, a envenenar su corazón. Decía que yo no era mujer para él, que era débil, inmadura, ingenua. Que ni siquiera debía saber hacer sexo bien, por ser muy joven, muy inexperta. Que existían mujeres mucho mejores que yo, más bonitas, más inteligentes, más interesantes. Que, en la primera oportunidad, lo traicionaría, lo abandonaría. Que no valía nada, que era una parásita, que solo estaba con él por el dinero. Que no servía ni para darle un hijo, que mi cuerpo era soso, sin curvas, sin atractivos. Que debía dejarme, echarme de su vida, antes de que fuera demasiado tarde.

E influenciado por las malvadas palabras de su padre, Davi comenzó a distanciarse de mí. Ya no se preocupaba mucho por lo que hacía, por lo que sentía. Salía todas las noches, y a veces ni siquiera volvía a casa. Pasaba horas en el celular. Aceptaba las invitaciones de los amigos para ir a discotecas, a beber, a divertirse.

Con eso, las peleas se volvieron constantes, los insultos, las humillaciones, las agresiones. Los celos locos de Davi aumentaron exponencialmente. Comenzó a encerrarme en casa, impidiéndome salir, ver a mis únicas amigas, tener una vida social. Ni siquiera podía mirar por la ventana, so pena de ser castigada. Dictaba reglas, hacía amenazas, imponía castigos. Y yo, cada día que pasaba, me iba marchitando, perdiendo el brillo, la vanidad, las ganas de vivir.

La inseguridad me consumía, la autoestima se hacía añicos. Me sentía humillada, una basura, un trapo viejo. Me sentía fea, gorda, sosa. Me comparaba con otras mujeres, con las modelos de las revistas, con las actrices de la televisión. Y siempre me sentía inferior, inadecuada, incapaz de complacer a Davi, de satisfacer sus expectativas.

Hoy en día, Davi se ha vuelto aún más agresivo, más inestable, más impredecible. Sus atrocidades se están intensificando, sus arrebatos de furia se han vuelto más frecuentes, sus castigos más crueles. Los sustos aumentaron, el miedo se volvió constante.

Ya hasta tengo miedo de hablar con él, de respirar cerca de él, de existir en su mundo. Parece que mi voz lo irrita, que mi presencia lo incomoda, que mi mirada lo desafía. Pasa la mayor parte del tiempo en el trabajo. Y cuando vuelve a casa, ya llega estresado, frustrado, descargando en mí toda su rabia, toda su frustración.

Y yo, cada vez más deprimida, más insegura, más desesperada. Me siento como una marioneta en sus manos, bailando al son de su música, obedeciendo sus órdenes, suplicando un poco de amor, de cariño, de atención.

A veces, me confunde, me manipula, me mueve la cabeza. Al mismo tiempo que me trata con indiferencia, con desprecio, me muestra deseo, me toca con lujuria, me besa con pasión. Al mismo tiempo que parece no importarle, demuestra interés, se preocupa por mis horarios, por mis actividades. No sé exactamente qué quiere, qué siente, qué piensa.

Me quiere como mujer, como objeto de placer, como trofeo para exhibir a sus amigos. Pero después, vuelve a ser el monstruo.

Sigue leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la APP
Explora y lee buenas novelas sin costo
Miles de novelas gratis en BueNovela. ¡Descarga y lee en cualquier momento!
Lee libros gratis en la app
Escanea el código para leer en la APP