—¿Cómo hago eso? —pregunto, fingiendo duda, mientras cada pensamiento ya está arquitectando la próxima jugada.
Ella responde, firme:
—Volviendo a ser como antes. No la conquistaste a base de golpes, recuérdalo.
Siento la mirada fija de Camila, la intensidad de ella desafiándome, como si intentara arrancarme una debilidad que no voy a mostrar. Mi sonrisa se amplía, cargada de una calma traicionera— la calma de aquel que sabe exactamente el juego que está jugando.
—Claro, hermana, voy a volver a