10

—¿Cómo hago eso? —pregunto, fingiendo duda, mientras cada pensamiento ya está arquitectando la próxima jugada.

Ella responde, firme:

—Volviendo a ser como antes. No la conquistaste a base de golpes, recuérdalo.

Siento la mirada fija de Camila, la intensidad de ella desafiándome, como si intentara arrancarme una debilidad que no voy a mostrar. Mi sonrisa se amplía, cargada de una calma traicionera— la calma de aquel que sabe exactamente el juego que está jugando.

—Claro, hermana, voy a volver a ser como antes... —respondo, la voz mansa, casi seductora. Pero no te engañes. Lo que se llama "antes" es solo la superficie. Por dentro, estoy más astuto, más peligroso. Voy a conquistarla de nuevo, no con gritos o violencia descontrolada, sino con la obsesión fría de quien sabe que solo la posesión total vale.

—Solo no la hagas sufrir más de lo que ya sufrió, Davi —dice Camila, con la voz cansada.

Sonrío casi imperceptiblemente, cargado de promesas oscuras. Camila respira hondo, se acerca, con la resignación de quien acepta un destino difícil.

—Entonces vamos a levantarte. Voy a cuidar ese corte —hace un gesto firme, casi maternal.

Mientras me ayuda a levantarme, siento el mundo girar a mi alrededor, consciente del poder que aún tengo, pero también de la máscara que voy a tener que usar para conquistar a Alice nuevamente. La paciencia, la manipulación... todo será arma en esta nueva fase.

Voy al baño y tomo una ducha rápida, vistiendo solo lo necesario, salgo del baño, voy a la sala. Camila hace el vendaje en mi mano, y cada toque de ella me recuerda que estoy inmerso en un juego más complejo de lo que pensé.

Ella prepara un café fuerte, que tomo en silencio, mientras la mente traza planes oscuros. Tomo el celular y marco el número de Alice, pero solo el silencio responde. Aun así, no me rindo.

Vuelvo al cuarto, me tiro en la cama y murmuro para mí mismo, con esa certeza oscura que ya arde en cada fibra de mi ser:

—Vas a volver, Alice. Quieras o no, vas a volver a mí.

Camila entra, lanza una última mirada preocupada.

—Me voy a casa ahora, después vuelvo. Descansa y piensa en lo que te dije —dice, con la voz cansada.

Asiento, aún atrapado en mi obsesión, y con una sonrisa cruel escondida en la comisura de los labios respondo:

—Está bien —digo, la voz cargada de una calma que esconde un torbellino.

Camila me observa largamente, leyendo entre líneas el peligro que aún guardo. Ella sabe que mi amor es prisión, que mi obsesión es celda y cadena, y que no voy a retroceder hasta tenerla completamente bajo mi dominio nuevamente.

Niega con la cabeza, resignada, pero aún con ese eco de esperanza.

—Davi, solo no olvides que, para que ella vuelva, vas a necesitar dejar que sienta ganas. Que sienta que puede elegirte —habla bajo, casi un consejo empapado de miedo.

Mi sonrisa se transforma, más fría, calculadora.

—Claro, ella decide —respondo, con falsa tranquilidad.

Ella se aleja despacio, dejando que el silencio crezca donde antes había pelea y dolor. Me hundo en la cama, cerrando los ojos, sintiendo la oscuridad envolverme como un manto. La lucha no ha terminado. De hecho, apenas comienza. Porque Alice no va a escapar. No de mí. Y mi plan solo está empezando a ser dibujado, frío e implacable.

La penumbra del cuarto parece envolver cada pensamiento mío, y aunque el consejo suave de Camila resuena en mi mente, sé que no voy a retroceder. Dejar que ella "sienta ganas" y "elija" parece casi un juego inocente, pero detrás de eso, mi mente trama un tablero donde yo siempre muevo las piezas antes de que ella sepa dónde está el jaque mate.

Mientras miro al techo, una sonrisa casi imperceptible surge en la comisura de mi boca. No voy a ahorrarle las sombras de mi mundo; voy a envolverla en ellas delicadamente, como una trampa envuelta en susurros dulces y promesas veladas. El amor, para mí, siempre ha tenido sabor amargo, y así lo haré parecer irresistible.

—Ella va a volver, y cuando lo haga, va a ser porque quiere... o porque no tendrá más dónde huir —murmuro al vacío del cuarto.

Camila ya se ha ido, quedando solo el eco de sus últimas palabras, y yo permanezco allí, sintiendo la adrenalina fría subir por mis venas. Sé que cada paso de mi plan exigirá paciencia, manipulación y un toque invisible de crueldad.

Pero soy Davi. Y nadie domina este juego como yo. Mucho menos Alice.

El comienzo de la nueva fase está lanzado, y la obsesión se renueva— más calculada, más sagaz, lista para consumir todo en su camino hasta que ella esté de vuelta... completamente mía.

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