Sofía y Fernanda vienen a hablar conmigo.
—Ya me voy —anuncia Sofía, con la voz animada.
—¿Ya? —pregunto, con la voz sorprendida.
—Sí —responde ella. —Mañana viajo por trabajo.
—A la vuelta, tráeme un millonario de allí —brom ea Fernanda, con una sonrisa.
Empezamos a reír. Esta Fernanda no tiene remedio. Nos despedimos con abrazos, y Sofía se va junto con Carlos.
Voy a la habitación de Bruninho con el niño en brazos, ya casi dormido. Le quito la ropa con cuidado, lo llevo al baño y le doy una d