Mi suegra se acerca, y noto que está más cansada de lo que deja ver.
—Hija —dice ella, con la voz cansada. —Estoy cansada. Ya me voy a acostar.
—Vale —respondo, con la voz cariñosa. —Yo cuido del resto. No te preocupes, ¿vale? Ve a descansar.
—Buenas noches —dice ella, con una sonrisa.
—Buenas noches —respondo, con la voz dulce.
Ella sale, y me quedo sola en la cocina, preparando la merienda de Bruninho. La música aún suena fuera, y las risas resuenan, pero aquí dentro hay una paz que me envuel