—Estás celosa, estás celosa, estás celosa —repite él, con la voz provocadora, una sonrisa juguetona en los labios.
—Sal, no molestes —digo, intentando soltarme, pero él es más fuerte.
Agarra mi barbilla, haciéndome mirarlo. Sus ojos plateados brillan con una intensidad que me hace olvidar cómo respirar.
—Eres muy guapa —dice él, con la voz sincera. —Y lo eres más cuando estás celosa. Si supieras lo mona que estás así.
Intenta besarme, pero giro la cara. No se rinde, agarra mi rostro con ambas m