—La guardia de anoche lo retrasó todo, y la Dra. Magna acaba de llegar —me explicó Mirela, haciendo una mueca de disgusto.
Ah, claro. Magna. La médica cirujana cuyo mayor logro académico era ser la "comida VIP" del director del hospital, Osvaldo. Flotaba por los pasillos con bata de marca, maquillaje de discoteca a las ocho de la mañana y una competencia médica equivalente a la de un ladrillo.
—¿Esa señora del rincón con el abrigo rosa es su abuela? —pregunté, notando a una anciana simpática sa