Hans se apoyó en el coche como si hubiera perdido el alma, con una mirada triste en sus ojos. Había creído que esta vez la encontraría, pero, el resultado era solamente otra decepción. Luz Solar no era Dafne…
Desanimado, Hans se recostó lentamente en el asiento del coche y cerró los ojos. En ese momento, su teléfono empezó a sonar. Siguió sonando durante un buen rato antes de que Hans pudiera calmarse lo suficiente como para contestar. Era el número fijo de la villa.
Al contestar, escuchó la voz