Al día siguiente, temprano por la mañana, una fina llovizna cubría la ciudad de Nardo. En el aeropuerto, había muchos viajeros apresurados.
Guillem y Álvaro acompañaron personalmente a Dafne hasta el vestíbulo del aeropuerto.
—Dafne, que tengas un buen viaje. Cuando llegues a la Clínica Mayo, llámanos para informarnos de si estás bien.
Dafne asintió con la cabeza:
—De acuerdo. Señores, también cuídense mucho.
Guillem hizo un gesto con la mano y la despidió:
—Ya llega la hora de subir al avión. A