Cuando Hans llegó a la villa, ya era las diez por la noche.
En la villa, solo se encendió una pequeña lámpara de noche. De repente, una figura pequeña salió de la puerta corriendo hacia él y le abrazó las piernas.
—¿Esperanza? —dijo Hans mientras acariciaba la cabecita de la niña.
Esperanza levantó la cabeza y dijo con tristeza:
—Papá, creía que tú tampoco volverías…
—No digas tonterías. Papá nunca te abandonaré.
—Mamá también dijo eso, pero ella me abandonó. Papá, por favor, no hagas tonterías