Elba la miró con ternura y le dijo:
—Soy tu madre y te conozco muy bien. Preferirías sufrir tú misma, no harás que Esperanza sufra. Tus palabras son obviamente no tan sinceras porque no veo que estés más aliviada que antes. Pero, no importa cuál sea tu decisión, yo siempre te apoyaré. Solo quiero pedirte que no te trates mal a tú misma por nadie.
Las lágrimas afloraron en los ojos de Dafne. Respondió con una sonrisa:
—Tienes razón, mamá, nadie me cuida como tú.
—Te conozco muy bien, hija. Siempr