Afuera del pequeño motel al pie de Montemorelos, la lluvia y el viento azotaban con fuerza el cristal de la ventana, creando una fina neblina en el interior.
La habitación estaba oscura y húmeda. La estrecha camita se balanceaba suavemente debido a los movimientos.
El hombre, con sus manos grandes y delicadas, la sujetó entre su pecho y la cama. Las manos de ambos se entrelazaron, creando una sensación cálida en las palmas. Los ojos de Dafne estaban enrojecidos. Ella le daba la espalda, por lo q