Inés percibía que algo no iba bien, pero no podía evitar contestar la llamada de Darío. Porque si ella no la contestaba, se confirmaría su delito de secuestro. Después de varios segundos de vacilación, decidió contestar la llamada y dijo en un tono muy tranquilo:
—¿Hermano?
—Inés, ¿dónde llevaste a la hija de Dafne? —interrogó Darío.
Inés intentó negarlo:
—¿Qué…? No lo hice…
—Deja de mentir, ¡hemos revisado las grabaciones de las cámaras de seguridad! No hagas tonterías, rápido, ¡dime dónde está