Los ojos de Victoria se abrieron con sorpresa y dolor. Ese no era el Esteban gentil y considerado que solía visitarla en sus aposentos.
—Para que quede claro, nunca tuve intención de unirme contigo desde el principio. —Dijo él, sosteniéndole la mirada, asegurándose de que comprendiera la magnitud de su engaño.
Victoria forcejeó, su rostro usualmente delicado se torció con rabia. La fachada dulce desapareció por completo.
—¿Por qué? —Escupió, con las garras extendidas en defensa. —¡Tú viniste a M