Esteban salió del coche, se arregló la ropa y adoptó una expresión imperturbable. Sus sentidos de lobo estaban en máxima alerta, percibiendo ya algo extraño en el ambiente que rodeaba la villa.
Pensó que, aunque vendría a consolarme, también debía hacerme entender la gravedad de mis acciones. Sus instintos de Alfa exigían que estableciera límites.
—Seré amable, pero firme. —Se dijo en voz baja. —Tiene que aprender cuál es su lugar.
Pensaba que, en el futuro, yo no debía simplemente llevarme a nu