Anfisa cerró la puerta de su habitación con cuidado, como si temiera que cualquier sonido rompiera el frágil silencio que la envolvía. Apoyó la espalda contra la madera y dejó escapar un suspiro tembloroso, sintiendo cómo la tensión de la noche comenzaba a desmoronarse en su pecho.
Sus manos se deslizaron por el delicado bordado del vestido que Thomas había elegido para ella, los dedos encontrando los diminutos botones en su espalda. Mientras los desabrochaba uno por uno, las palabras de él r