Anfisa estaba en su habitación, de pie frente al enorme espejo de cuerpo entero. La tenue luz de la lámpara de su tocador iluminaba el espacio con un resplandor dorado, reflejándose en los brocados de las cortinas y en los muebles de madera oscura. A su alrededor, las bolsas de compras estaban apiladas sobre la cama, un recordatorio de la tarde que había pasado con Thomas.
Con los dedos recorrió la tela satinada de la lencería blanca que había escogido en secreto. Era delicada, con un corsé a