Con el pasar de los años, la casa familiar se convertía en un testigo silencioso de la vida que continuaba desplegándose. La joven, ahora madre y líder de su propia familia, encontraba en cada rincón de la casa el eco de las risas y las lecciones que había recibido de sus padres, Corin y Lena.
La estatua de Amaris, con su mirada eternamente cariñosa, se erigía como un faro de inspiración. La joven, en su papel de madre, recordaba las historias de valentía y amor que habían sido transmitidas de