El día tan esperado llegó, y la casa familiar se llenó con una serenidad especial. Corin y Lena, con los corazones llenos de emoción y anticipación, se dirigieron al hospital. La familia, aunque ausente físicamente, estaba conectada en espíritu, compartiendo la alegría y la expectación del momento que se avecinaba.
En la sala de parto, el llanto suave de su recién nacida llenó el aire, y Corin y Lena fueron testigos de la milagrosa llegada de su hija. El amor que sentían por ella era un eco de