54 Profecía.
Se me apagó la sonrisa, mis mejillas comenzaron a arder, me dio vergüenza, más aún que Kaisser estaba presente y oyó todo, aunque él ya lo subía, esa hechicera simplemente me había desnudado en tan solo pocos segundos.
Kaisser me dijo:
—Iré afuera.
Se retiró, yo me quedé de pie sin mover ni un dedo en donde estaba, la hechicera comenzó a caminar ai alrededor, observandome con detenimiento; luego se detuvo frente a mí.
—¿A qué ha venido? ¿Qué es lo que la atormenta, a parte de que le ha sido