123 No escuché su latido.
Aurora se acercó a Gabriel y tocó su hombro y con una voz que denotaba alegría le dijo:
—Creo que vas a ser muy feliz de ahora en adelante. —Gabirl se quedó mirando a Estrella.
—Creo que estoy soñando.
—No es un sueño, estás despierto, soy testigo de que la diosa se ha acordado de ti y de Estrella.
—Esta tan delgada y tan pálida, debió sufrir tanto en ese encierro, mi Estrella estuvo en el infierno todo este tiempo; y yo que procuré jamás pensar en ella, no quería recordarla, nunca se me ocurri