Capítulo 32.

Capítulo 32

Arya.

Me quedé fría, con el paño húmedo aún en la mano, mientras Dorian luchaba por enfocar la vista. Sus ojos, antes nublados por el delirio, recorrieron mi rostro con lentitud, como si estuviera contando cada nueva línea de expresión que el tiempo y la dureza del sur habían grabado en mí.

—¿Esto... muerto? —su voz fue un susurro quebrado.

—No estás muerto, Dorian —respondí, recuperando la compostura y endureciendo mi expresión—. Aunque el río y la plata hicieron todo lo posible para que lo estuvieras.

Él parpadeó, y vi el momento exacto en que la conciencia regresó de golpe. El brillo de la fiebre se transformó en una chispa de ese rencor amargo que yo conocía muy bien.

Su mirada bajó hacia mis manos, luego hacia la habitación, y finalmente volvió a clavarse en mí con una intensidad que me hizo querer retroceder.

—Cinco años —soltó, y la palabra sonó como una maldición—. Cinco años rastreando cada rincón podrido de este continente, y te encuentro en un agujero fronteri
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