Capítulo 32.
Capítulo 32
Arya.
Me quedé fría, con el paño húmedo aún en la mano, mientras Dorian luchaba por enfocar la vista. Sus ojos, antes nublados por el delirio, recorrieron mi rostro con lentitud, como si estuviera contando cada nueva línea de expresión que el tiempo y la dureza del sur habían grabado en mí.
—¿Esto... muerto? —su voz fue un susurro quebrado.
—No estás muerto, Dorian —respondí, recuperando la compostura y endureciendo mi expresión—. Aunque el río y la plata hicieron todo lo posible p