4

Un mes antes de la conversación

Savana se sentía agotada. La luna de la madrugada apenas comenzaba a iluminar las frías calles de la ciudad cuando ella ya estaba arrastrando sus pies con notable cansancio.

Maldecía una y otra vez a sus padres. Su madre había fallecido después de estar mucho tiempo en el hospital tras una larga depresión por las constantes infidelidades de su esposo, y nunca había ni luchado para recuperarse, ni separarse de él.

Las cuentas se habían acumulado después de su fallecimiento, supuestamente estas, debía pagarlas su padre, algo que le fue notificado en las pocas visitas que había hecho al hospital. Pero su buen padre en vez de pagarlas… la había vendido a ella, una adolescente, a un burdel y había desaparecido con el dinero.

Savana pensó que su mundo se desmoronaba el día que la había ido a buscar a su viejo apartamento y arrastrado como un animal hasta «su nuevo hogar» sin comprender que estaba pasando realmente.

«Tú padre te vendió a nosotros. Ahora nos perteneces» es lo que le habían dicho.

Savana no recordaba bien que había pasado después, pero se había encontrado atrapada dentro de un establecimiento que funcionaba  como bar y burdel al mismo tiempo. Al ingresar, la entrenaban sirviendo tragos y atendiendo a clientes borrachos, y no había caído en las habitaciones rojas de ese lugar. Se había enterado que estaban subiendo el precio de su virginidad durante el tiempo que se exhibía para después dársela al mejor postor.

Mas no supo si la vida le había sonreído una sola vez al tener una oportunidad de escapar aquel día que la puerta de la cocina se había quedado abierta. La verdad no lo pensó mucho. Ni tampoco recordaba esos días cómo habían sido realmente. Su mente era un caos total. Incluso la percepción del tiempo estaba alterada, sin saber si había estado un día o meses.

Solo corrió lejos de allí, bloqueando dentro de ella el recuerdo de esos días y siendo consciente que no estaba a salvo. Ellos no dejarían que su mercancía se escapara tan fácilmente y menos cuando había escuchado el precio por su virginidad.

Los años que vinieron después no habían sido fáciles. Teniendo que comenzar desde cero sin haber terminado estudio y siempre alerta pues sabía que las estaban buscando. Ella era mercancía y con un precio puesto.

Una comida, al día, un sótano con moho, y ropa de segunda mano pagada con los pagos de los trabajos que hacían eran su refugio cada vez que se movía de lugar.

Y ese día no era la excepción, buscando trabajo desde muy temprano para no perder oportunidad, después que donde trabajaba cerrara por problemas de ingreso. Su última paga apenas cubriría el depósito del pequeño cuartucho donde se quedaba. Lo que fuera seria bienvenido, tampoco podía pedir mucho con su estado actual. Limpieza o dependienta eran los trabajos donde más tenía experiencia.

***

Para el mediodía arrastraba sus pies decepcionada, y preparándose mentalmente para tomar un descanso antes de seguir su búsqueda, cuando una puerta de cristal se abrió abruptamente delante de ella. No tuvo tiempo de esquivarla y el golpe fue directo a su rostro y la lanzó al suelo cayendo de nalgas con un quejido. La sangre rápidamente comenzó a correr por su nariz golpeada y adolorida manchando su ropa.

El hombre que había abierto la puerta saliendo del local giró su cabeza en dirección a ella. Y se sobresaltó al ver que había hecho.

-Lo siento, lo siento- el extraño se disculpó al ver a la chica en el suelo que se tapaba la cara- ¿Estás bien? Ay Dios, qué hice, estás sangrando. Se arrodilló delante de ella rápidamente y le tendió un pañuelo.

Savana, algo aturdida lo agarró y cubrió sus fosas nasales. No era una hemorragia grande, pero si incómoda. Le dolía, pero más que eso estaba mareada, quizás porque tampoco había comido nada y estaba agotada.

-Sí, estoy bien, fue mi culpa, estaba perdida en mis pensamientos- explicó nerviosa mirando de un lado a otro cuando su mirada se clavó en el papel que el hombre tenía en su mano, donde estaba escrito bien grande Se Solicita Personal de Limpieza.

El chico se dio cuenta de la suprema atención que ella le tenía puesto al anuncio.

-¿Estás buscando trabajo?- le preguntó como si fuera algo casual.

Savana asintió y vio los ojos del hombre entrecerrarse.

-¿Sabes qué lugar es este?- tal parecía que la estaba interrogando.

-Yo, solo busco un trabajo, en lo que sea, necesito dinero- una gota de sudor corrió por su sien.

El hombre inclinó la cabeza a un lado y agitó el papel en su mano.

-Bueno, es increíble esto, pensé que tomaría más tiempo- se levantó de golpe.

Savana lo miró desconfiada, aunque con una pulsada de emoción en su pecho. Que le dijeran que la necesitaban para un trabajo era la mejor noticia que podían darle en ese momento.

-Solo necesito confirmar una cosa más -el hombre entrecerró los ojos en dirección a ella, era algo serio al parecer- ¿Tú… eres humana?

Preguntar si eras humano o lobo en esos días no era nada fuera de lo común. Desde que las razas se habían mezclado muchos años antes, tu raza definía que tipos de trabajos podías hacer.

Savana se preocupó. Quizás se había ilusionado demasiado. Trabajar con lobas era muy cotizado dado el nivel de belleza y sensualidad que estás tenían. Eran un gancho seguro para atraer a los machos con su olor y que soltaran el billete en los establecimientos.

-Soy… humana- balbuceó sacando unos los papeles doblados de su bolsillo donde estaba su registro médico y se lo mostró. Lo estudió con la mirada esperando su reacción.

El hombre frente a ella agarró el papel y leyó. Momento después, sonrió abiertamente. Antes de que Savana pudiera incorporarse del suelo, fue agarrada con fuerza del brazo, como si no quisiese que ella saliera corriendo, y levantada como sino pesara nada.

- También sé algo de aromaterapia, así que después de limpiar suelo usar algunos aceites que ayudan a calmar el ambiente- ella parloteó recordando las pocas cosas que había podido aprender en sus diversos trabajos anteriores - Donde he trabajado dicen que ayuda a relajar a los…

No la dejó terminar alzando la mirada con un brillo inusual. Como si le hubiera importado más la parte de que ella podía usar aromaterapia para calmar que el trabajo de limpieza.

-En serio, eso es mucho mejor- casi gritó de la emoción a la vez que comenzaba a arrastrarla al interior del gimnasio sin Savana saber a qué venía esa emoción- Si dices que puedas hacer algo para calmar el ambiente, eso puede funcionar con la bestia que tenemos allá adentro.

Savana se estremeció al escuchar aquello ¿Bestia? ¿Cómo que bestia?

Sigue leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la APP
Explora y lee buenas novelas sin costo
Miles de novelas gratis en BueNovela. ¡Descarga y lee en cualquier momento!
Lee libros gratis en la app
Escanea el código para leer en la APP