—No pasa nada, mamá —dijo Andrés con madurez—. Puedo fingir que soy el único niño en el jardín. Así no me sentiré mal cuando no quieran jugar conmigo.
Cuanto más hablaba así, más triste se sentía Carolina y más intenso se volvía su odio hacia Daniel.
***
El auto se detuvo frente a la casa. Me sorprendió ver a los abuelos maternos de Sofía esperando en la entrada. Miré a Daniel.
Él bajó a recibirlos: —¿Cómo es que vinieron?
La última vez que los vieron, la abuela Liliana estaba postrada en la cam