—¿Qué haces ahí parado como un tontico? —el tono de Carolina era severo.
Al principio, estos comentarios herían a Gabriel, pero ya se había acostumbrado. Salió con el rostro serio: —Viniste a recoger a tu hijo, no a mí.
Carolina, intentando mantener la compostura frente a otros padres: —¿Acaso no puedo recogerlos a los dos?
—Si puedes, ¿por qué antes cuando recogías a Andrés nunca me llevabas? —replicó Gabriel—. Ahora solo voy contigo porque el chofer me lleva.
Carolina respiró profundo, pero an