—¿No decía ella que dejar que los rumores crecieran no afectaría tanto a los niños? —dijo Daniel—. Espero que piense lo mismo ahora que le está pasando a su hijo.
—Me tranquiliza saber que ya tienes un plan —asentí en acuerdo.
—¿Y si no supiera qué hacer? —preguntó Daniel casualmente.
Me reí suavemente: —Eres demasiado inteligente y quieres tanto a Sofía que nunca permitirías que sufriera así.
Al oír esto, incluso sus ojos habitualmente fríos se llenaron de calidez.
***
En la entrada del jardín