Caminamos durante un buen rato hasta que finalmente llegamos a una pequeña tienda que vendía refrescos y comida callejera. Mi estómago gruñó al ver la comida, pero no tenía dinero encima. Me acerqué al vendedor y pregunté con cautela, evitando el contacto visual, temerosa de que me reconociera.
“Disculpe, ¿sabe dónde puedo encontrar la casa de una anciana que sea curandera?” —dije, intentando sonar segura, aunque por dentro sentía un nudo de ansiedad en el estómago.
“¿Cuál es el nombre de la qu