Valentina se encontraba mirándonos flores y a la vez celosa y molesta, se preguntaba por las cosas que su Alfa había hecho y conocido durante largos mil quinientos años, en cambio ella él era todo lo que conocía, sentía que lo amaba de eso no tenía duda, pero no le gustaba ser tan inexperta a sus ojos y los ojos de todos
La mano de la bella luna acariciaba una florecida rosa roja cuando escuchó una voz conocida que la llamaba
— ¡Valentina..!
— ¡Maestro! — el apuesto decano del museo de la ciuda